Jürgen Habermas y la fuerza de las palabras en las relaciones internacionales – Crónica Digital

Por Álvaro Ramis
El 14 de marzo de 2026, Jürgen Habermas falleció en Starnberg a los 96 años. Su partida nos invita a explorar una dimensión crucial de su obra: su impacto en la teoría de las relaciones internacionales y la posibilidad de una política mundial más allá de la fuerza bruta.
La pregunta que Habermas lega a los estudios internacionales es radical: ¿pueden las palabras, y no solo los intereses estratégicos, gobernar las relaciones entre Estados? Durante décadas, el realismo político nos enseñó que la escena internacional es un espacio anárquico donde la fuerza determina los resultados. Pero Habermas ofrece una alternativa: incluso en la anarquía, los actores estatales pueden orientarse al entendimiento mutuo.
La acción comunicativa cruza las fronteras
Su teoría distingue dos racionalidades. La racionalidad estratégica: actores que persiguen sus intereses utilizando el lenguaje como herramienta de manipulación. La racionalidad comunicativa: actores que buscan acuerdos basados en el reconocimiento intersubjetivo de pretensiones de validez.
Lo revolucionario es sostener que esta segunda racionalidad no es una fantasía, sino una posibilidad real incrustada en las prácticas diplomáticas. Los Estados justifican sus políticas en foros interestatales, y esa entrega de razones cumple una función legitimadora. Las normas compartidas, las prácticas diplomáticas y la publicidad de los debates pueden habilitar la acción comunicativa entre Estados.
El giro lingüístico en los estudios internacionales
La influencia de Habermas se ha desplegado en dos direcciones: los teóricos críticos (como Andrew Linklater) han desarrollado una teoría normativa de la comunidad política global; los constructivistas han encontrado en la acción comunicativa una herramienta para explicar cómo cambian las preferencias e intereses de los Estados.
Investigadores como Thomas Risse han explorado cómo la argumentación puede transformar identidades estatales, produciendo aprendizajes colectivos donde la fuerza del mejor argumento, y no el poder relativo, inclina la balanza. Los actores internacionales no solo siguen la «lógica de la consecuencia» o la «lógica de la adecuación», sino también una «lógica de la argumentación».
El puente hacia Iberoamérica: Adela Cortina
Para comprender el legado de Habermas en el mundo hispanohablante, es indispensable detenerse en Adela Cortina, filósofa española que ha desarrollado una de las apropiaciones más originales de la ética del discurso.
Cortina señala lo que denomina la «falacia abstractiva» de las éticas kantianas: al ser deontológica y cognitiva, la ética discursiva abandona la dimensión felicitante del ser humano; al ser formal y universalista, pone entre paréntesis los problemas de aplicación a situaciones concretas. La visión del objeto moral resulta unilateral.
Su contribución más original es la conceptualización de la aporofobia: el rechazo al pobre, al que carece de medios. Este fenómeno ilumina las relaciones internacionales contemporáneas: no es solo xenofobia, sino rechazo específico a quienes no tienen nada que ofrecer. Cuando observamos políticas migratorias de fortificación de fronteras o la selectividad en la acogida de refugiados, estamos ante manifestaciones de esa realidad que Cortina ha puesto nombre.
La vigencia de Habermas en el contexto internacional actual
¿Qué luz arroja su pensamiento sobre el convulsionado escenario de 2026? Su obra adquiere relevancia urgente en un mundo donde la fuerza parece imponerse sobre el entendimiento.
Asistimos a la guerra en Ucrania, que representa el retorno más crudo a la racionalidad estratégica: imponer por las armas lo que no pudo obtenerse mediante el diálogo. En Gaza, la espiral de violencia ha suspendido toda pretensión comunicativa. Las partes ni siquiera comparten un «mundo de vida» mínimo que permita iniciar una conversación genuina. Y en el centro, la aporofobia cortiniana se manifiesta en la jerarquización de las vidas que merecen ser lloradas.
Resulta preocupante el debilitamiento del multilateralismo. Cuando las grandes potencias desacreditan las Naciones Unidas, cuando la diplomacia es reemplazada por ultimátums, se erosionan las instituciones que mantenían vivo el principio de que los conflictos deben procesarse mediante la palabra.
Sin embargo, incluso en este panorama, los Estados no pueden dejar de justificar sus acciones. Esa necesidad de justificación mantiene abierta la posibilidad de la crítica. Permite confrontar a los actores con sus propias palabras.
La tarea que Habermas nos lega —y que Cortina ha ayudado a precisar— es no renunciar a la exigencia de razones. Exigir transparencia, denunciar los discursos que distorsionan la comunicación, preservar espacios para el encuentro entre diferentes. Y también, como Cortina nos recuerda, atender a la dimensión aplicada de la ética: traducir los principios universales en respuestas concretas para quienes sufren exclusión.
En tiempos donde la política mundial parece capturada por la lógica del choque de civilizaciones, la voz de Habermas nos recuerda que el lenguaje no es solo un arma estratégica, sino un medio de entendimiento posible. Su muerte nos priva de una conciencia crítica lúcida, pero nos deja una tarea: seguir argumentando como si el entendimiento fuera posible. Porque la alternativa es resignarse a que la fuerza sea la única medida de lo humano.

Álvaro Ramis es rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, teólogo y doctor en filosofía.
Santiago de Chile, 15 de marzo 2026
Crónica Digital
