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Los orígenes históricos de la Navidad y sus principales símbolos – Al servicio de la verdad

Los orígenes históricos de la Navidad y sus principales símbolos – Al servicio de la verdad


Los orígenes históricos de la Navidad y sus principales símbolos – Al servicio de la verdad

La Navidad (del latín nativitas, “nacimiento”) constituye una de las conmemoraciones más importantes del mundo cristiano, al grado de que ha sido adaptada como una celebración relevante por los no cristianos, agnósticos y ateos. Conmemora el nacimiento de Jesucristo, pero más allá de su dimensión religiosa es una fiesta religiosa y cultural que celebran miles de millones de personas en todo el mundo.

Ello, más allá de que deviniera en una ocasión para el más desenfrenado consumismo, al margen del nacimiento del Niño Jesús, que se supone se recuerda conforme al relato en el Evangelio de Mateo. El mismo que nació pobre y excluido de la sociedad, en un pesebre (recipiente donde comían los animales), que recibió su primer homenaje de unos pastores, trabajadores sencillos que vivían a la intemperie, cuidando ovejas, también marginados.

Y todo ello ocurrió en Belén, territorio perteneciente a Palestina, ubicado en Cisjordania, y está bajo la administración de la Autoridad Palestina desde 1995, aunque está rodeado por el muro de separación impuesto por el régimen israelí: el mismo al que rinden pleitesía y adoración personas que se reclaman cristianas y evangélicas.

Es el mismo Jesús que tempranamente debió enfrentar la persecución y el exilio, por los dictados del Rey Herodes El Grande.

Si estos pasajes de la “historia oficial” del cristianismo son desconocidos u olvidados, más esperable es que se desconozca los datos del origen histórico de la Navidad. No existe una fecha exacta en la Biblia sobre el nacimiento de Jesús. De hecho, los primeros cristianos no celebraban los cumpleaños, pues lo consideraban una costumbre pagana.

EL ESTABLECIMIENTO DE LA NAVIDAD

Durante los primeros 200 años del cristianismo, la festividad principal era la Pascua (de Resurrección). No fue hasta el siglo III cuando algunos teólogos empezaron a especular sobre la fecha del nacimiento. Antes de fijarse el 25 de diciembre, se propusieron fechas como el 20 de mayo, el 21 de marzo o el 15 de abril.

¿Por qué el 25 de diciembre? Una de las teorías más aceptadas por la historiografía, es la “hipótesis del reemplazo pagano”. En el Imperio Romano, diciembre era un mes de grandes fiestas. Se celebraban las Saturnales (en honor a Saturno) y, el 25 de diciembre, el “Natalis Solis Invicti” (nacimiento del Sol Invicto). Al oficializarse el cristianismo con el emperador Constantino, la Iglesia habría elegido esa fecha para «cristianizar» estas festividades y así sustituir el culto al Sol por el nacimiento de Jesús.

Menos conocida es la “hipótesis del cálculo simbólico”. Algunos antiguos cristianos creían que la creación del mundo y la concepción de Jesús ocurrieron el mismo día: el equinoccio de primavera (25 de marzo). Sumando nueve meses de gestación, el nacimiento caía el 25 de diciembre.

Como sea, no fue el 25 de diciembre. Los cálculos basados en la muerte del Rey Herodes el Grande sugieren que nació entre los años 6 a. C. y el 4 a. C.

En el año 350, el Papa Julio I pidió formalmente que se celebrara el nacimiento de Jesús en esa fecha. En el 354, el Papa Liberio decretó en forma oficial la festividad.

La expansión de la fiesta no fue lineal. Mientras en Roma se celebraba el 25 de diciembre, las iglesias orientales preferían el 6 de enero (Epifanía o Teofanía). Con el tiempo, ambas tradiciones se mezclaron, creando el periodo festivo que hoy conocemos.

En la llamada Edad Media, la Navidad se transformó en una fiesta de masas con banquetes y representaciones teatrales, aunque en algunos periodos, sobre todo con  los Puritanos en Inglaterra llegó a estar prohibida por considerarse poco bíblica. Pero “el mundo inconverso” o el pueblo terminaron por imponer la celebración.

EL ÁRBOL DE NAVIDAD Y SANTA CLAUS

El árbol no siempre fue parte de la Navidad; su origen es una mezcla de mitología nórdica que se mezcló con simbolismo cristiano medieval. Lo dominante fueron las raíces paganas, pues los pueblos germanos y escandinavos celebraban el Yule (el solsticio de invierno) con la decoración de un árbol perenne denominado Yggdrasil (el árbol del universo). Creían que mantenía la vida durante el frío invierno.

Cuenta la leyenda que durante el siglo VIII, el misionero San Bonifacio taló un roble sagrado dedicado a Thor para demostrar que el Dios cristiano era más fuerte. En su lugar, señaló un pequeño abeto (cuya forma triangular simbolizaría la Trinidad) y lo decoró con manzanas (el pecado original) y velas (la luz de Cristo).

La tradición moderna nació en Alemania apenas en el siglo XVI. Sin embargo, se hizo famosa mundialmente solo en 1841, cuando la Reina Victoria de Inglaterra y su esposo alemán, el Príncipe Alberto, pusieron un árbol en el Castillo de Windsor. La imagen salió en los diarios y todo el mundo quiso imitar a la realeza.

Respecto a Santa Claus, San Nicolás o el “Viejito Pascuero”, como se llama en Chile, fue el resultado de siglos de evolución de la imagen un hombre real. San Nicolás fue un obispo del siglo IV que vivió en Mira (actual Turquía). Era famoso por su generosidad. La leyenda más conocida cuenta que regaló bolsas de oro a tres hermanas pobres, lanzándolas desde una ventana (o chimenea) para que cayeran dentro de sus calcetines que se estaban secando.

En los Países Bajos, su figura evolucionó a Sinterklaas, un anciano que traía regalos montado en un caballo blanco. Cuando los holandeses fundaron Nueva York (Nueva Ámsterdam), llevaron esta tradición a América del Norte.

La transformación moderna se remonta hasta 1823, cuando el poema “Una visita de San Nicolás” le dio los renos y el trineo. En 1863, el caricaturista Thomas Nast le dio su aspecto de hombre robusto y barba blanca. En verdad, no es cierto que Coca Cola inventó a Santa Claus, pero sí es verdad que sus anuncios de los años 30 (dibujados por Haddon Sundblom) estandarizaron su imagen con el traje rojo brillante y la personalidad alegre que vemos hoy.

LOS REGALOS DE NAVIDAD

Como se indicó, los primeros cristianos no celebraban los cumpleaños, ni intercambiaban regalos para esas fechas. El origen de la costumbre asociada a la Navidad se remonta hasta las Saturnales, que los romanos celebraban del 17 al 23 de diciembre en honor a Saturno, el dios de la agricultura.

Durante estos días, las normas sociales se relajaban: los esclavos eran servidos por sus amos y se suspendían los negocios. La parte fundamental era el intercambio de pequeños regalos llamados sigillaria (figuritas de terracota o cera), velas y frutas. Se daban como símbolo de buena suerte y generosidad para el nuevo ciclo agrícola. También

Con la expansión del cristianismo, la Iglesia buscó una justificación bíblica para la entrega de presentes. La encontró en el Evangelio de Mateo, sobre la llegada de unos Magos de Oriente al pesebre luego de su nacimiento. Los regalos (oro, incienso y mirra) eran el reconocimiento de la divinidad y la realeza de Jesús. Durante siglos, siguiendo esta tradición, los regalos no se daban el 25 de diciembre, sino que el 6 de enero.

A propósito, el Evangelio de Mateo dice que eran unos “magos”, no señala que fueran tres, ni tampoco que sus nombres fueran Gaspar, Melchor y Baltazar.

En Europa central, la figura de San Nicolás (el obispo generoso del siglo IV) se convirtió en el gran dador de regalos. Originalmente, el día de los regalos era el 6 de diciembre (para su festividad religiosa).

Sin embargo, durante la Reforma Protestante en el siglo XVI, Martín Lutero quiso alejar a la gente del culto a los santos de la Iglesia Católica. Para desplazar a San Nicolás, promovió la idea de que los regalos los traía el mismo “Niño Jesús” (Christkind) y movió la fecha al 25 de diciembre. Esto unió definitivamente los regalos a la Navidad.

Hasta principios de 1800, los regalos solían ser modestos: comida, dulces o juguetes hechos a mano. La costumbre moderna cambió por la irrupción del capitalismo. A mediados del siglo XIX, las tiendas en Nueva York y Londres empezaron a usar la figura de Santa Claus en sus vitrinas para incentivar las ventas.

LA HISTORICIDAD DEL NACIMIENTO

Una de las preguntas más debatidas en la historia y arqueología se refiere a si el Nacimiento de Jesús fue un hecho histórico. Para responderla, se deben diferenciar dos conceptos: la existencia histórica de Jesús (en la que existe un consenso casi total entre los expertos) y los detalles específicos de su nacimiento (donde la evidencia es más escasa).

Prácticamente ningún historiador serio hoy pone en duda que Jesús existió. Las evidencias no provienen solo de la Biblia, sino de fuentes romanas y judías del siglo I y II, como son los escritos de Tácito, Flavio Josefo y Plinio El Joven, que se refieren a Jesús como una persona realmente existente. Hay más evidencia para acreditar su existencia que la disponible para otros personajes históricos.

Sobre el evento específico del nacimiento, la evidencia es indirecta. No existen registros de nacimiento de esa época para personas humildes.

En Belén, la tradición identifica una cueva de la Natividad. Aunque la actual Basílica de la Natividad. Fue construida por primera vez por el emperador Constantino y su madre Santa Elena en el año 339 d.C. Hoy es uno los templos cristianos más antiguos del mundo. El hecho de que fuera un lugar de veneración tan temprano (citado ya por Justino Mártir en el año 160 d. C.) sugiere una memoria histórica local persistente, lo que hace verosímil que se remonta a un hecho verídico.

En hebreo, “Beit Lehem” significa “Casa del Pan”, un dato que resulta muy simbólico para el cristianismo, que ve en Jesús al “Pan de Vida”. Hay historiadores que creen que el nombre proviene de Lahmu, el dios acadio de la fertilidad, lo que sugiere que era una zona agrícola muy rica desde hace 3.400 años.

Antes de la irrupción del cristianismo, Belén ya era famosa en la tradición judía. Según el Génesis, Raquel (esposa de Jacob) murió y fue enterrada allí. Fue el lugar de nacimiento y coronación del Rey David, a lo que el cristianismo dio el significado de que Jesús nació en ese lugar porque era el “Heredero de David”.

Hoy, Belén se encuentra en Cisjordania, Palestina, a unos 9 kilómetros al sur de Jerusalén. La ciudad está rodeada en gran parte por un muro de hormigón construido por el régimen de Israel a partir de 2002. La ciudad tiene una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo, conformada por palestinos.

Para los cristianos palestinos de Belén seguir celebrando la Navidad pese a las restricciones israelíes es una forma de “Sumud” o resistencia no violenta. Han construido pesebres donde el Niño Jesús aparece entre escombros y alambre de espino.

Santiago, 24 de diciembre de 2025.

Crónica Digital.

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