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Cuando el villano Lex Luthor llegó a ser Presidente de la Nación en los comics de Superman – Al servicio de la verdad

Cuando el villano Lex Luthor llegó a ser Presidente de la Nación en los comics de Superman – Al servicio de la verdad


Cuando el villano Lex Luthor llegó a ser Presidente de la Nación en los comics de Superman – Al servicio de la verdad

A los que no conocen el universo de los comics, y a los aficionados que tienen la idea de que estos relatos ficcionales son apolíticos y hasta ahistóricos, quizás les sorprenda conocer que en una de las historias contemporáneas de Superman, el supervillano que es su enemigo por excelencia, Lex Luthor, llegó a ser Presidente de los Estados Unidos por voto popular.

Una clave para explicar este relato es la redefinición moderna del carácter de Lex Luthor: ya no es un científico brillante que usa su intelecto para la maldad, sino que es un empresario monopólico y con inversiones transnacionales, que utiliza el poder de su capital para lograr manipular la población, con desinformación y falsas promesas, aunque igualmente movido por la perversidad.

Por cierto, algo así solo podría ocurrir en los comics. ¿O no?

La metamorfosis ficcional de un villano

Tras la macrosaga “Crisis en Tierras Infinitas” (1985), obra de Marv Wolfman y George Pérez, la empresa DC Comics decidió reiniciar su continuidad narrativa. Un guionista y dibujante británico–canadiense, John Byrne, recibió la tarea de recontar los orígenes de Superman, lo que concretó en la miniserie Man of Steel, que fue publicada al año siguiente. Una de las modificaciones más significativas que hizo fue el carácter de Lex Luthor, transformándolo de un científico villano a un “magnate malvado”.

Antes de Byrne, Lex Luthor era un arquetipo del “genio científico loco” de los comics de los Estados Unidos, operando desde laboratorios secretos y prisiones. El autor lo reinventó como el empresario más rico y poderoso de Metrópolis, la ciudad de Superman, y quizás de los Estados Unidos. En lugar de ser un paria, este Luthor era Alexander Joseph “Lex” Luthor, dueño y CEO del conglomerado LexCorp. Ya no necesitaba robar bancos; su maldad se manifiesta en el control de mercados y los medios de comunicación, la corrupción política y la manipulación de la población.

La redefinición de John Byrne fue fundamental porque hizo que Luthor pasara de ser una amenaza física a una amenaza institucional y social, otorgando historicidad a los relatos de Superman. El Luthor de Byrne, el carismático pero corrupto multimillonario, podría existir en el mundo real.

El verdadero superpoder de este Luthor no es su cerebro o su armadura de combate, como en la etapa previa a las “Crisis en Tierras Infinitas”, sino que su capacidad para mentir en forma convincente a millones de personas y manipular el sistema entero del poder social. Esto lo convierte en un enemigo más peligroso que cualquier monstruo físico, como era en la etapa pre–crisis.

La escena que cambió la dinámica para siempre fue el primer encuentro entre Superman y Luthor en “The Man of Steel” N° 4. Allí, Byrne muestra a un Luthor que no solo es rico, sino que se siente un monarca. Organiza una fiesta en su lujoso yate y, para demostrar su poder, organiza un falso “ataque terrorista”, protagonizado por latinoamericanos, solo para ver a Superman en acción y luego intentar ponerlo en su nómina, ofreciéndole un cheque. En su mente, todo y todos tienen un precio. Superman no solo rechaza el dinero, sino que, tras descubrir que Luthor puso en riesgo vidas solo para esa “audición”, lo arresta frente a todos sus invitados de la élite de Metrópolis.

Aunque los abogados de Luthor lo liberan en menos de dos horas, subrayando así su poder, el daño ya estaba hecho. A la salida se encuentra con el superhéroe y le señala: “Metrópolis me pertenece. La gente es mía para beneficiarla o  destruirla según se me antoje. Y se les ha olvidado (…) se les ha olvidado quien es su amo, ¡quién es el número uno! (…) Un día, muy pronto, vas a morir Superman. Vas a ser destruido y sabrás quién ha sido”.

Es el momento que realmente separa al Luthor de Byrne de todas las versiones anteriores. Ya no es una rivalidad por quién es más inteligente o quién tiene el mejor rayo láser: es una guerra de clases.

La versión de Byrne de Lex Luthor es la que permanece en gran medida hasta el día de hoy: un hombre que usa su inmenso intelecto no para salvar el mundo, sino para controlarlo. De hecho, su influencia se observa fuera del universo de los comics, como en la serie animada de los años 90 o la interpretación de Michael Rosenbaum en la serie “Smallville”.

En 2009, el sitio especializado IGN clasificó a Luthor en el puesto número 4 de su lista de los cien mejores villanos de cómics de todos los tiempos, superado solamente por el Joker en el universo de DC Comics.

John Byrne señaló al sitio informativo estadounidense “Daily Beast” : “Por supuesto, Donald Trump fue nuestro modelo”.

El villano conquista el poder político

Con el paso del tiempo, los argumentistas delinearon numerosos episodios en los que era posible apreciar la crueldad de Lex Luthor, la que encubría con la imagen de un filántropo, sostenida por la desinformación en los medios y su capacidad de manipular el poder. Pero faltaba el paso clave: tener acceso directo al control institucional del poder político.

La historia de los cómics de Superman dio un giro audaz a principios del milenio  con la saga que culminó en la toma de posesión de Lex Luthor como Presidente de los Estados Unidos. Esta narrativa no solo fue un movimiento impactante en el mundo de los comics, sino que fue una profunda sátira política. La saga comenzó oficialmente “Superman: Lex 2000” N° 1 de 2001. Fue desarrollada principalmente por un equipo de guionistas que incluía a Jeph Loeb, Joe Casey, y Greg Rucka, y no fue solo un truco para incrementar las ventas, sino una de las exploraciones más incisivas en la realidad social en los comics.

La premisa se construyó sobre la base de que Luthor era figura pública con un inmenso poder corporativo. Su ascenso a la Casa Blanca fue el resultado de una magistral campaña de manipulación de la opinión pública. Luthor se presentó como el salvador de la nación. De hecho, su campaña fue una obra maestra de manipulación. La población votó por el hombre brillante y carismático, sin darse cuenta de que estaban entregándole el poder a un cerebro despiadado.

Para efectos de sus pretensiones presidenciales crea una nueva colectividad: el “Partido del Mañana” (The Tomorrow Party), y promete una nueva era de progreso.

Una vez en la Casa Blanca, la Presidencia de Luthor en la superficie parecía ser competente y capaz de hacver avanzar en la economía. Pero su propósito era el mismo de siempre: destruir a Superman. Gran parte del arco narrativo giró en torno a los intentos encubiertos y las maniobras políticas de Luthor para incriminar a Superman, desviar recursos públicos para desarrollar armas anti–Kryptonianas, y utilizar su posición para minar la confianza del público en el héroe.

Esta dualidad –maldad intrínseca oculta bajo una administración exitosa– fue una de las expresiones de la crítica política de la historia.

La tensión dramática se sostiene en el dilema clave de Superman: ¿cómo se enfrenta a un enemigo que ahora es gobierno? La Presidencia le otorgó a Luthor un manto de inmunidad y legitimidad que Superman no podía violar sin convertirse en un paria. Incluye momentos en que Superman y Batman se vieron obligados a trabajar fuera de la legalidad para probar la verdad.

El reinado de Luthor duró cerca de un año y medio en tiempo de publicación de los cómics. Su caída llegó con la aparición de la amenaza cósmica conocida como Imperiex. En el clímax, la verdad finalmente salió a la luz: Lex Luthor fue desenmascarado, revelándose que su brillantez no podía enmascarar su patológica necesidad de control y su maldad esencial. La prueba irrefutable de sus crímenes (incluyendo la conspiración en el conflicto con Imperiex y sus tratos con el villano cósmico Darkseid para obtener tecnología) puso fin a su gobierno de tres años.

Fue una de las sagas más inteligentes y memorables de la era moderna de DC Comics. Con una premisa impactante que logró mantener la tensión. Asimismo, profundiza en la causa por la que Lex Luthor es un villano tan brillante y peligroso, demostrando que su mayor superpoder es su poder económico y capacidad de manipulación de la ciudadanía.

La historia sigue siendo relevante. Puede ser vista como una crítica a la cultura empresarial y las políticas de desinformación que conducen a elegir a políticos carismáticos, pero que priorizan intereses mezquinos sobre el servicio público.

Sin duda, es un relato sobre la esperanza desinteresada y altruista versus una ambición sin límites y sobre el despotismo de los fuertes y poderosos.

Por Víctor Osorio. El autor es periodista.

Santiago, 12 de diciembre de 2025.

Crónica Digital.

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