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La idea de una intervención militar en Venezuela divide a la comunidad migrante –

La idea de una intervención militar en Venezuela divide a la comunidad migrante –


El reciente despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe ha reavivado el debate sobre una posible intervención militar en Venezuela, generando una profunda división entre los venezolanos residentes en el sur de Florida.

Aunque la mayoría de la diáspora comparte un «odio» común hacia el presidente Nicolás Maduro, culpándolo de la crisis que ha provocado el éxodo de casi ocho millones de personas, existen divergencias sobre el camino a seguir para lograr el cambio político.

La comunidad migrante se polariza entre quienes ven la fuerza militar como la única opción viable, especialmente tras la reelección de Maduro en 2024 (denunciada como fraudulenta), y aquellos que temen las catastróficas consecuencias de una guerra y abogan por agotar la vía diplomática.

Esta división ocurre en un contexto donde muchos venezolanos en Florida apoyan la política de presión de Donald Trump sobre Caracas, a pesar de sus polémicas medidas migratorias.

Posturas a favor de la acción militar

En Doral, un área con una alta concentración de venezolanos, figuras como Diana González, diseñadora de interiores de 47 años, apoyan «al 100%» una intervención. Ella sostiene que, tras años de intentos pacíficos infructuosos, es la única opción viable. González confía en que la acción pueda ser «quirúrgica» y que el régimen no encontraría resistencia armada entre la población.

Este sentimiento es compartido por muchos miembros de la diáspora que esperan la caída del gobierno de Maduro, asegurando que «es una pelea demasiado injusta entre personas con banderas y personas con armas».

El temor a las consecuencias y la vía diplomática

Por otro lado, la idea de una intervención es vista como un «arma de doble filo». Ciudadanos como Carmen (66 años), emigrada en 2020, si bien desean la caída de Maduro, temen un alto costo humano: «Si eso ocurre, habrá muchos muertos. Una guerra entre ambos países sería una catástrofe».

La activista por los derechos de los migrantes Adelys Ferro expresó su profunda preocupación por las consecuencias de un conflicto, señalando que «en medio de nuestra desesperación y deseo de libertad, hemos minimizado lo que significa una guerra».

Ferro duda de las intenciones de la administración Trump, especialmente al contrastar la supuesta amenaza militar con el reciente anuncio del retorno de vuelos de deportados hacia Venezuela, y sugiere que la presión actual debería utilizarse para impulsar una transición pacífica.

El debate se intensificó tras el anuncio de Washington de una operación contra supuestas narcolanchas en el Caribe y el Pacífico, que incluyó la movilización del portaaviones más grande del mundo cerca de Venezuela, nación con las mayores reservas de petróleo global. Los motivos de este despliegue generan dudas, ya que Venezuela tiene un peso inferior en el narcotráfico en comparación con países como Colombia o México.

La polarización sobre la intervención se suma a las tensiones internas en la comunidad venezolana de Florida, especialmente en torno a Donald Trump. Las duras políticas migratorias del republicano, incluidos arrestos masivos y la revocación del Estatus de Protección Temporal (TPS) concedido por la administración Biden, han golpeado a la comunidad.

Ciudadanos como Andrea González, que apoya la política de Trump contra Maduro pero discrepa de su postura migratoria, ha recibido críticas por su voto, lo que demuestra el «resentimiento» que se está generando dentro de la comunidad migrante.

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